Caballos y niños.

Los peques se suelen sentir muy atraídos por los caballos, y mi hijo es uno de ellos, pero no hemos tenido contacto con caballos por mi desconocimiento de cómo hacerlo de forma respetuosa.

Por redes sociales pude conocer a María, una mujer que nos está ayudando a conocer el mundo de los caballos.

Ella es licenciada en Ciencias Ambientales y trabaja como Ingeniera de Calidad, pero ha trabajado muchos años como monitora de ocio y tiempo libre y educadora ambiental, por lo que aunque no tiene hijos, sí que ha profundizado un poco en temas de educación no formal.

Ha tenido la amabilidad de respondernos a estas preguntas:

– ¿Cuándo comenzaron a gustarte los caballos?
Los caballos me gustan, como a cualquier niño grande, desde que era pequeñita. Cuando le pedí a mi madre que me apuntara a equitación, dijo que no porque era un deporte elitista, y me apuntó a ballet y sevillanas….

Empecé en el mundo de los caballos ya mayor, cuando pude pagarme las clases, por aquello de la espinita clavada desde pequeña. Es un animal que, bien sea por la “mitología”, las películas, o los cuentos de hadas, desde pequeños nos causa fascinación. Un animal tan grande y a la vez con una mirada tan profunda.

Pero no era ni una milésima parte de lo que hay detrás de los caballos, y hasta que no empecé a tratar con ellos de verdad, no empecé a ser consciente.

Impresiona que un animal tan grande, tan potente, tan pesado y a la vez tan ágil y rápido, transmita esa delicadeza y esa profundidad. La conexión que yo, personalmente, experimento con el caballo, es diferente a la que tengo con mis perros. Ni mejor ni peor. Son animales que tienen una forma de ser y moverse, y sobre todo lo que transmiten, es completamente diferente al de los canes, por ejemplo.

– ¿A partir de qué edad pueden los niños tratar con caballos?
La edad a la que puede comenzar un niño a “tratar” con caballos, si es bajo la supervisión de un adulto, diría que es desde los pocos meses, si entendemos “tratar con caballos” como un concepto que vaya más allá del simple acto de “montar a caballo”.

Con un caballo se pueden hacer muchas cosas además de montar. Es fascinante ver como utilizan sus enormes “ollares” (agujeros de la nariz) para olernos (y los pelos que tienen en la nariz y la boca, para hacernos cosquillitas!); o cómo usan sus belfos (labios móviles que utilizan para palpar y coger) para revolvernos el pelo…. Se pueden trabajar los sentidos con los niños, del tacto, del olfato, de la vista, con los caballos; se les puede cepillar, acariciar, limpiar, soltarlos en una pista y moverse a su alrededor, o incluso llevarlos de paseo cogidos del “ramal” (cuerda)….

Es fundamental empezar educando sobre qué es un caballo, pie a tierra; es importante que los niños conozcan al animal desde abajo, se familiaricen con sus necesidades, su forma de moverse, su limpieza, antes de montarse. De lo contrario, ocurrirá como una anécdota que me viene a la cabeza; la de una sobrina mía sorprendiéndose cuando le dijeron que la leche venía de las vacas, ya que ella pensaba que venía del Mercadona.

Para empezar a “montar”, se puede empezar alrededor de los 4 años. Aunque por supuesto, dependerá de la situación de psicomotricidad en la que se encuentre el menor.

Podrá hacerlo “solo”, o deberá hacerlo con el apoyo de un monitor. Eso sí, sin dejar nunca de lado, durante todos los años de aprendizaje “hípico del niño”, todo lo que no es montar: preparar el caballo- limpieza, paseo, equipación; y una vez terminada la monta, desequipar, duchar, pasear….

Se puede aprovechar la equitación para que no sea un simple deporte y el caballo una simple bicicleta. Como la educación con animales, se trata de hacer a nuestros hijos 1) responsables de su aprendizaje ; 2) responsables de los seres vivos que participan de su aprendizaje. Todo esto aunque el caballo sea suyo o sea de la Hípica; todos los animales merecen ser respetados, sean nuestros o no.

En España a veces está mal visto que los niños comiencen a montar en pony, mientras que en otros países anglosajones no se concibe de otro modo.

Dada la importancia de que el niño no sólo se suba a un caballo y arranque, si no que sea capaz de limpiarlo, manejarlo, equiparlo, y pasearlo (con ayuda cuando sea necesario), las escuelas deberían disponer de ponys para ello, para que la experiencia sea lo más completa posible. Además de los beneficios para la monta, que para un niño será más fácil y asequible en un caballo “a su tamaño”, con el que puede comunicarse mejor al llegarle las piernas a la altura del pony, cosa que no sucederá con un caballo.

No es un menosprecio que nuestro hijo monte en pony. SU aprendizaje va a ser más adaptado a su tamaño, y he visto a ponys realizar ejercicios que muchos caballos de metro setenta no saben. Permitámosle a nuestro hijo la experiencia de tener un amiguito del que no tener miedo por si le pisa, un amigo al que pueda llevar cómodamente del ramal, ponerle su sillita él solo, y en definitiva, responsabilizarse y hacerse cargo de él antes de la clase y después de la clase.

– Entonces, ¿cómo sería para ti una clase de equitación respetuosa?

Ya hemos hablado un poco de cómo debe de ser una sesión ecuestre antes de montar, y después de montar, que quizá para mí a la hora de trabajar con niños sea lo más importante. Para mí la distribución de tiempos sería 30 minutos de preparación, aseado y explicaciones didácticas con el niño y el pony; 30 minutos de clase montado; y 30 minutos de desequipar, duchar y pasear, aprovechando para contarle al niño más cosas. Los 30 minutos de antes y de después, son fundamentales mantenerlos durante toda nuestra vida ecuestre, por deferencia al caballo, ya tengamos 4 años o 44. Montar 30 minutos, lo veo razonable para niños que se están iniciando, o que tienen edades de 4 a 7 años por ejemplo… pero todo es siempre adaptable al momento en el que se encuentre el niño.

Sobre esos 30 minutos montado. Lo que he visto normalmente y que NO considero correcto es que se enseña a los niños a dirigir a los caballos con las manos; tirando de la boca de los caballos (que llevan dentro metido lo que llamamos un filete, o bocado, de hierro); cuando la equitación de verdad lo que menos se utiliza son las manos. Los grandes maestros, los mejores jinetes (y los que intentamos imitarlos), apenas usan las manos: la equitación se practica con los hombros, las piernas, y el asiento (los llamados isquiones del culete).
Y sin embargo, he visto tantas veces a niños que los suben a un caballo, les dan las riendas, y les ponen a trotar botando como saquitos de patatas, agarrándose a la silla y dando tirones de las riendas (y por tanto, a la boca del caballo con el hierro clavándosele en el paladar y en el alma); niños frustrados porque el caballo no les hace caso, sobreviviendo sobre el asiento….

Por supuesto, hay sitios y profesores que siguen este “otro método” que os he contado al principio; que aunque son los menos, de ellos he aprendido y he obtenido mi criterio de lo que yo creo que debería ser. Como a montar se aprende cogiendo equilibrio sobre el caballo (o pony), no os asustéis ni penséis que es una pérdida de tiempo si el primer mes de clase, o los primeros 15 minutos de cada clase, a vuestro hijo lo sientan en el pony, le quitan las riendas, y el profesor coge al caballo con una cuerda larga y le hace dar vueltas en la pista (atado a la cuerda que él sujeta) mientras su hijo va con las manos libres. Lo ideal es hacer todo lo más lúdico posible, hacer al niño olvidarse de sus manos: eso ya vendrá después. Manos arriba! tócate la nariz! cierra los ojos! ¿Qué sientes?

Que pierda el miedo, y que su cuerpo interiorice cómo se mueve el animal debajo de él, primero al paso, luego al trote… siempre marchando con el caballo a la cuerda del monitor….

Y cuando su hijo por fin empiece a trabajar las riendas, debería de pasarse muchas clases al paso, hasta que no sea capaz de aprender a parar al caballo o a girarlo, al aire más pedagógico (el paso), utilizando todo su cuerpo, y siendo justo con el animal que lleva debajo.

Las prisas y la educación no se llevan bien. Ahora bien, si su objetivo es que su hijo sea el jinete olímpico que usted nunca fue, asuma que estos no van a ser ni sus tiempos, ni sus valores ni los de sus hijos.

-¿Qué sitios nos recomendarías para ir con los niños?

Sobre recomendar sitios…. desafortunadamente conozco muchas hípicas donde termino oyendo cómo se le dice al niño: ¡dale una patada para que ande!.

No voy a recomendar ningún sitio, pero sí voy a compartir con vosotros los criterios que yo, como madre, seguiría para elegir un sitio donde monten mis hijos. Luego quedará, bajo su responsabilidad como padres (y no bajo la mía en un simple artículo de opinión), elegir el mejor lugar y maestro para sus hijos.

1. ESTADO FÍSICO DE LOS CABALLOS. Primer criterio. Si véis caballos viejos (suele vérseles en la carita), delgados (se les marcan las costillas o las caderas), con heridas (en las caderas, en las “patas” o con marca de serreta en la nariz o morro), metidos en cuadras donde el olor a caca o a pis se nos meten por los ojos y la nariz. Caballos tragando aire, o caballos que en sus cuadras se mueven compulsivamente como los animales en un zoo. ..HUID.

2. PONYS. Recomiendo encarecidamente que los niños de hasta unos 8, 9, 10… monten en pony. Así que buscaría una hípica donde tuvieran ponys. Y donde los tuvieran sueltos, en un paddock o minipaddock, viviendo al menos en pareja.

3. CLASES Y DOCENTES. Las clases de iniciación, bajo mi criterio y opinión, en el mundo perfecto deberían ser al menos al principio, individuales. Desde luego, nunca de más de 4 caballos; y sobre todo, donde los niveles estén equiparados.

Sobre el docente. Desafortunadamente en nuestro país, cualquiera que se haya subido a un caballo, “puede dar clases de equitación”, aunque carezca absoluta y totalmente de ningún tipo de aptitud pedagógica (y a veces, ni siquiera de los conocimientos técnicos necesarios). O, hay quien puede ser un buen profesor de equitación para jinetes adultos, pero un nefasto maestro para niños en iniciación….

El profesor de su hijo podrá ser el primero de su promoción en la alta escuela de Jerez o de Viena, pero eso no querrá decir que sepa enseñar, o tenga las habilidades necesarias para tratar con niños: MUCHO CUIDADO CON ESTO.

Por favor, huyan si oyen al profesor decir: dale una patada/pégale con la fusta/que sepa quien manda/. Esto es una aberración de la naturaleza. A los caballos no se les hace avanzar con patadas, ni se pasan la clase maquiavelando cómo hacernos quedar mal….. Es verdad que al principio, con los niños, dado que no tienen aún las habilidades físicas requeridas que involucran el uso correcto de las piernas, puede ser difícil hacer que el caballo ande, pero hay muchos recursos por parte de un profesor para explicarle al niño lo que tiene que hacer, sin resumirlo todo en el caballo te está vacilando, o eres demasiado flojo con él…
Huyan de las hípicas en las que cuando su hijo llega el caballo ya está preparado y cuando su hijo se va el caballo inmediatamente pasa a otro niño, sin que se le duche o deje descansar entre medias.

Huya de los profesores que chillan: no se educa ni se enseña chillando.

Huya de los profesores que a los alumnos de iniciación les dejan llevar espuelas “porque les falta pierna” (y a ellos recursos para enseñar a los alumnos a utilizar la pierna, o para reeducar a los caballos para que no estén sordos a la pierna).

4. EQUIPAMIENTO. No hace falta que la silla de montar sea nueva, brillante y la más cara del decathlon; pero es importante ver que la equipación no se cae a trozos, a la silla le faltan partes… y que los niños tienen sillas de niños, o de pony, ajustadas a su tamaño, con estribos a los que a los niños les llegan los pies.

– Me parece que a partir de ahora podremos ir acercándonos más al mundo de los caballos sabiendo ya en algunos aspectos en los que debemos fijarnos.
Me quedo con los 30 minutos de antes y después, me parece ahí es donde más conexión yo encontraría con caballo.
Hemos aprendido mucho contigo, María, gracias por dedicarnos tu tiempo.
¿Alguna cosa más que quieras añadir?

Yo, personalmente, monto a mi caballo sin embocadura (el hierro que llevan en la boca los caballos). No es del todo cierto que un caballo para frenar necesite un hierro en la boca, bajo mi opinión.

Para mí, ver una clase de iniciación con 1, 2 o 3 alumnos, en sus ponies, con sillas de pony y de niño, trabajando al paso o al trote, y con cabezadas “bitless” (sin hierro en la boca); con un profesor o profesora que no deja de hacer juegos, pedirles cosas a los niños dentro de sus posibilidades y con un lenguaje asertivo; y que prepara con sus alumnos a los caballos antes de las clases y después de las clases…. a mí, ese sitio con ese profesor me daría confianza.

¡Os animo a todos vosotros a que busquéis sitios así.

Gracias de nuevo por este primer acercamiento al mundo del caballo.

Nos leemos el próximo viernes!!!

#empatía #niños #animales #educación #caballos #hípica

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